Para cooperativas agrarias
Hoy tenéis el programa de báscula por un lado, la contabilidad en otro y las declaraciones en un Excel. El dato ya lo tenéis todo: lo que falta es que no haya que teclearlo tres veces. De la entrada del camión salen solos el kilo útil, la liquidación del socio, su recibo de compensación y lo que hay que declarar.
Vale para vino, aceite, cereal, leche, fruta y hortaliza, frutos secos o miel. Lo que cambia es el producto y el baremo, y los dos los ponéis vosotros.
Doble pesada: el remolque entra cargado y sale vacío, y el neto es una resta entre dos momentos que pueden distar horas. El análisis llega días después, así que el albarán nace incompleto y lo dice en vez de fingir que está cerrado. Y la entrada son tres campos en una línea, porque en campaña el camión no espera.
Humedad, impurezas, rendimiento graso, grado. La tabla de mermas es la que vosotros tenéis pactada, guardada por tramos tal como se acordó, para poder enseñarla en la asamblea. Y cada entrada congela el factor que se le aplicó: si mañana cambia la tabla, el albarán que el socio tiene firmado no cambia.
El precio se puede calcular (ingresos menos gastos entre kilos útiles) o fijar. Las dos son de primera clase: calcular es una ayuda, lo que decide la asamblea manda, y sin fecha de asamblea no se contabiliza. La fórmula es configurable desde el primer día, porque cambia de un año a otro y de una cooperativa a otra.
Cuando el producto de treinta socios va al mismo depósito ya no se distingue: lo que se guarda es la participación de cada uno. Si salen 20.000 kilos de un depósito de 100.000, sale un 20 % de lo de cada uno. Y al transformar, lo que sale sigue siendo de quien era la materia prima, en la misma proporción.
La Orden EHA/3360/2010, con lo que más se equivoca el sector: el capital que el socio puede exigir es deuda, no fondos propios. Se pregunta al registrar la aportación, no al cerrar. Y la aplicación del resultado no deja dotar los fondos obligatorios por debajo del mínimo.
Resultado cooperativo y extracooperativo separados desde el primer asiento, que no es una comodidad: es requisito para conservar el régimen. Con los gastos comunes repartidos en proporción, y un vigilante del límite del 50 % de operaciones con terceros que avisa en octubre, no en el cierre.
En el régimen especial agrario la factura la emite la cooperativa, no el socio. Aquí el recibo es una factura recibida de las de siempre, así que aparece sola en el libro de IVA. Y a un socio en régimen general no se le hace: se le pide la suya.
Un fitosanitario no sale del almacén sin carné de aplicador, sin cultivo y sin decir en qué recinto se aplica, y el recinto es su referencia SIGPAC de verdad, no un «polígono 4» escrito a mano que luego no cruza con nada. Las parcelas del socio se dan de alta una vez y después se eligen de una lista. El registro sale con la referencia y la superficie en su columna, que es lo que compara el inspector.
INFOVI, INFOLAC y SIMO a la Agencia de Información y Control Alimentarios, el cuestionario anual del observatorio y la memoria del Fondo de Educación. Con lo vencido delante, porque quien se pasa de plazo no falla por no saber calcular: falla por no acordarse.
Un enlace en el móvil, sin usuario ni contraseña, donde ve sus entregas, sus anticipos, su liquidación y su capital. Y en enero se descarga él mismo el certificado del año con su libro registro de ingresos, que es justo el papel que le pide su gestoría. No un CSV: un documento para imprimir o guardar en PDF desde el propio móvil. Y el que no entre nunca en su portal, que lo hay, lo pide por teléfono y en la oficina se imprime ese mismo papel, no otro parecido. Trescientos socios son trescientas llamadas menos.
De la cooperativa a la unión y de la unión a la confederación. Cada entidad publica sus magnitudes y la de arriba las agrega, con una regla que no se negocia: sube agregado, nunca detalle. La federación ve cuántos socios hay y cuánto se factura, y no puede ver ni una entrega ni el nombre de un socio. No porque una pantalla lo esconda: porque no existe esa vía de acceso.
Navarra y los tres territorios vascos tienen ley de cooperativas propia y régimen fiscal propio. El programa lleva desde el principio la contabilidad común, la navarra y la vasca conviviendo, así que los porcentajes y los tipos de cada territorio son datos con su norma al lado, no algo escrito en el código. Y lo que no hemos podido contrastar aparece marcado como tal en la pantalla, en vez de dar por cierto lo que no lo es.